Cuando uno empieza a leer un cómic que se llama Batman: Año 100, espera encontrarse con una historia futurista llena de espectáculo, tecnología imposible y batallas épicas. Sin embargo, Paul Pope toma el camino contrario. En lugar de mostrarnos todo lo que cambió en ese futuro, decide enfocarse en lo que nunca cambia: el sacrificio de un hombre que intenta hacer del mundo un lugar un poco menos horrible. Porque eso es justamente eso lo que separa a Batman del resto de los superhéroes. Batman no vuela. Batman no es invulnerable. Batman, al igual que todos nosotros, simplemente resiste.
Batman: Año 100 sucede en el año 2039, cien años después de la primera aparición del personaje. En este futuro, Gotham ya no es solo una ciudad corrupta, es prácticamente un estado policial donde el poder se ejerce desde instituciones que no necesitan una máscara para dar miedo.
En este contexto, el Caballero Oscuro actúa completamente fuera de la ley y es visto como una especie de terrorista al que hay que eliminar sea como sea. Nadie sabe quién es, no es Bruce Wayne, ni tiene una Batfamilia. Al separarlo de su “marca”, Paul Pope lo convierte en una leyenda urbana formada por un montón de historias que se contradicen.
Pero lo más interesante no es lo que se pierde, sino lo que queda. Al arrancarle todas las piezas clásicas de su mitología, nos deja muy claro que lo que mantiene vivo a Batman no es la fortuna de los Wayne, ni un ejército de adolescentes perfectamente entrenados. Lo que mantiene vivo a Batman son los 🍒 de un hombre que no se rinde por muy jodida que esté la cosa, demostrándonos que en un futuro post apocalíptico, Batman no debería convertirse en una especie de dios tecnológico, sino en una mosca cojonera que sigue golpeando a los malos a la misma bati hora en el mismo baticanal.
Todo esto está reflejado en cada página, ya que el dibujo de Paul Pope no busca molar, solo quiere transmitir. Las líneas son nerviosas, a veces sucias, e incluso me atrevería a decir que violentas. No hay épica, Batman rara vez posa, sino que tropieza, se arrastra, y rebota contra las paredes. Transmitiendo una sensación de lucha constante.
Este comic no nos recuerda porque Batman hace lo que hace, sino por que resiste. Es el Batman que suda. El que no gana, sobrevive. El que no inspira a la gente desde arriba, sino desde el barro. Y en un mundo diseñado para vigilarlo todo, Batman debe seguir siendo un hombre que, mientras pueda, va a hacer el bien, porque en un futuro donde cada vez hay más hombres malos, es importante que Batman siga siendo uno de los buenos.
Batman: Año 100 no es solo “otro cómic de Batman”. Es una de las representaciones más honestas que se han hecho nunca sobre este personaje, ya que no quiere que lo admires ni veas lo listo que es, sino que lo acompañes en una jornada de trabajo. Y por eso, si alguna vez te interesó más el hombre que el mito, tienes que leer este comic.



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